sábado, 21 de mayo de 2016

El argumento

Caminamos hacia ese deseo que hace tiempo que soñamos. Se hace realidad. Sabemos que los sabores agridulces se encuentran recurrentemente, y en esa cita convenida nos decimos lo que queremos y lo que no.

Estamos a punto de descubrirnos en la “apretura” del destino, que es voluntario y cerrado al tiempo, aunque parezca contradictorio.

Nos imaginamos en el trance máximo, y, sin embargo, es una senda más. Nos apreciamos entre las dudas, con tinieblas en los recovecos de la pasión, que se introduce imperiosa. Es una carga efímera pero coherente, convenida con años de victorias, muchas de ellas elucubradas. Ya son.

Salvamos unos pocos metros, y se produce el deseo. Salta la chispa de la vida, que encendemos eternamente aunque debamos acariciarla y alimentarla cada segundo.

El acontecimiento produce un hola y un adiós, casi como la propia existencia, que porta un cíclico aprender, como decía Borges.

Se cumple el modelo de la comunicación. Enumeramos el proceso completo: emisor, receptor, mensaje de entrega, canal dinámico que es la propia historia, y, entre todos, ponemos códigos para enviar, descifrar y resolver entre los efectos del inicio de otra espiral.

En la retroalimentación nos ensalzamos con valores como la cesión, la escucha, la confianza, la interacción, la voluntad, la cercanía, y algunos más en un contexto que nos envuelve con la película del entendimiento. Aquí el argumento que sigue ya lo tienes que poner tú.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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