martes, 6 de diciembre de 2011

Destacar lo propio y lo ajeno

Damos con algunas versiones, que hemos de contrastar en sus modalidades y creencias, con sus formulismos básicos y con aquellos que tienen distingos que hemos de apreciar en todas sus opciones.

No dejemos en la llanura las posibilidades que nos han de llenar de felicidad, que es el auténtico motor que nos comunica con lo más hermoso de nuestra antropología. Nos hemos de vestir con gracia, con razones, con voluntades que nos aclaren los momentos más profundos, con los que nos hemos de mover de un lugar a otro. No partamos sin dar con las elocuentes dichas.

Entendamos las etapas, sus conclusiones, sus variopintas sorpresas, lo que las anima y lo que las detiene. No todo es como esperamos, pero siempre hay un sentido que hemos de perseguir en la medida que podamos.

No despertemos a las impresiones de otros, sino a las propias, y tampoco tengamos miedo de tomar decisiones en una dirección u otra. Nos hemos de poner la mano amiga en el hombro y seguir hacia delante con la máxima objetividad. No desperdiciemos lo que somos y cuanto podemos ser.

Llenemos los vasos de la existencia con normalidad, con frescura, con sencillez, con buenas actitudes, con educación, con formación, con razones, sin ellas, con riesgo y con equilibrio, con amor y con bondad, con los mejores anhelos, con libertad y con entrega al prójimo, con vertientes de lucha y de esperanza, con oración por los amigos, por los conocidos, por los adversarios...

No controlemos más allá de lo que nos da la dicha por la que volver a la misión diaria, que es por y con la que nos ganamos el jornal, al que hemos de acompañar con la fe y el deseo de la salud, la propia y la ajena. Así lo hemos de destacar en todos los ámbitos.

Juan TOMÁS FRUTOS.

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